En muchos procesos de contratación pública, el criterio predominante sigue siendo el mismo:
- Cumplir con los requisitos mínimos y adjudicar el contrato al postor con el menor precio.
- Aunque esta lógica parece eficiente en el papel, en la práctica suele generar problemas.
Cuando todos cumplen, el precio decide
En una licitación pueden competir empresas de distintos tamaños y capacidades. Si todas cumplen con los requisitos mínimos, el proceso continúa y el precio termina siendo el factor decisivo.
El resultado suele ser predecible: la empresa más pequeña o con menor capacidad termina presentando la oferta más baja y gana el concurso.
El problema aparece después de adjudicar
El verdadero riesgo aparece cuando el proyecto empieza a ejecutarse. En algunos casos, la empresa ganadora no tiene la solidez técnica o financiera suficiente para sostener el proyecto o cumplir con las garantías exigidas.
Cuando eso ocurre, aparecen retrasos, conflictos contractuales o incluso paralizaciones de obra.
Una lección para mejorar los procesos
Si el principal criterio de selección es únicamente el precio más bajo, es muy probable que se termine eligiendo al postor más débil.
Por eso, en los procesos más exitosos se da mayor peso a la evaluación técnica, la experiencia del equipo y la capacidad real de ejecución. De esta manera, se reduce el riesgo del proyecto y se mejora la probabilidad de éxito.